2 enero 2021

CON LA POETISA MARIBEL ANDRÉS LLAMERO

Encarnación Sánchez Arenas


Maribel Andrés LLamero (Salamanca, 1984) realiza su tesis doctoral en Filología Hispánica en el ámbito del estudio del bilingüismo literario luso-español en la Universidad de Salamanca. Licenciada también en Filología Portuguesa y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, trabaja como profesora asociada de literatura en el departamento de lenguas modernas en la Universidad de Salamanca, al mismo tiempo que imparte clases de lengua y cultura españolas a extranjeros. Como creadora también ha representado piezas breves de dramaturgia. Ha publicado los poemarios La lentitud del liberto (2018) y Autobús de Fermoselle (2019).

Ante el caos de la civilización actual la única resistencia posible es la íntima, la individual, la de quien se erige salvaje. A través de lo íntimo se hace suyo el territorio y desde ahí se enfrenta a las imposiciones cotidianas. La lentitud del liberto opone la lucha solitaria a la “mayoría”, desde  grandes temas actuales (el centro comercial, las redes sociales, la pobreza) hasta la simbología de la naturaleza, el sustrato bíblico o la cultura grecolatina. En la antología Insumisas: poesía crítica contemporánea de mujeres, cuya selección y edición es de Alberto García-Teresa, se citan de La lentitud del liberto los  versos del poema “Qué mal hicimos”: /Bajo un cielo naranja enemigo/ se levantan amargos vendavales/ de ortigas y punzones y los hombres, / qué mal hicimos, / amanecemos con los pulmones llenos de gris/ al asfalto que acuchilla de calor/ las plantas de los pies, a las aceras filosas/ donde reptar con manos ensangrentadas. /.

Con su segundo libro,  Autobús de Fermoselle,  gana en textura reflexiva con un regreso a las raíces “que tiene algo de antropología doméstica y de arqueología por la memoria” como indica Luis Bagué Quílez en “Babelia” de El País (15-07-2019). El retablo familiar, las coplas populares y el léxico propio de las labores agrícolas se mezclan con los artificios del progreso: el espejismo de la globalización en los rótulos de los comercios, el contraste entre el verano natural y el verano envasado de los anuncios de cerveza, o el acontecimiento mágico de una vuelta ciclista que dejó a su paso “una estela en nuestra imaginación / y tres botellines”. Leyendo entre los versos de Autobús de Fermoselle el poema titulado “La nieta del molinero”: / muele el trigo molinero/ muele pan/ son sus manos morenas/[…]/ guarda la maquila o el dinero/  de los que vienen de Gema Jambrina y Moraleja/ a Casaseca/ muele pan pan pan/ muele/ el hijo del molinero corre y juega/ y me sueña dormido/ entre sacos calientes/ muele/ ochava media ochava y fanega/ sólo muele por el día/ si lo hiciera por la noche/ la Guardia Civil/[…]/ el trigo en la panera/ la cebada en el costal/ la piedra para el cuerpo/ [..]/ muele/ sonríe la tolva está lista/ la piquera con grano/ […]/la tierra/ muele/ el molino que no conocí/ la espalda/ el alma/ Castilla/ muele/ muele la tierra/ muele/ a mi abuelo./.

 

(Publicado en el Diario Jaén el 29 de diciembre de 2020)

 

 

 

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