9 noviembre 2020

CON EL POETA CARLOS PARDO

Encarnación Sánchez Arenas


            Nace en Madrid en 1975, es escritor y gestor cultural, entre su obra poética figuran libros como El invernadero (1995), Desvelo sin paisaje (2002), Echado a perder (2007), Hacer pie (2011), ?Los allanadores (2015).

            Muestra precariedad, desasosiego, desazón o resistencia; se apoya en ocasiones diferente al realismo en la sinécdoque, la elipsis, la fragmentariedad, la ironía o el tropo no acumulado.

             Echado a perder (2007) es un libro que expone la ineficacia de la palabra, según Alessandro Mistrorigo en Rassegna iberística. El acto de escribir es una paradoja en un estado de crisis. Lo que destaca en  Carlos Pardo es un equilibro azaroso entre las costumbres que protegen y la irrupción de lo imprevisto. Si el núcleo  de la existencia es el amor, se plasma el  día a día,  las pequeñas contradicciones y  los aislamientos momentáneos, que atajan el fluir irreversible del tiempo y da lugar al acontecimiento. Es en este horizonte  donde se insertan la ironía  y el dialogo intertextual con la literatura anterior.: /A ti y a mí/ bajo el caparazón de un cielo rosa/ nos cuida el siglo XXI:/ cónsules de la retaguardia,/ altivos aranceles del amor aduanero./ El alma en su paisaje/ filosofa; es el tacto/ quien nos da la razón/.

            La ironía, esa marca  tan evidente en toda su obra poética, en Los allanadores (2015) no solo es un recurso útil y puntual para tal o cual poema, sino un elemento orgánico del poemario, como indica Juan Carlos Sierra Freire en Paraíso: revista de poesía. La senda se halla en la contradicción, en lo paradójico, en los opuestos armónicos. El escribir no ordena el caos del mundo, sino que es parte  de sus disonancias. Ya desde el primer poema, “Antropología”, el libro es tendente al cuestionamiento, a la sospecha: /Cambian los mitos pero ésta/ sigue siendo la tierra/ donde florece el limonero/ a pesar de que nadie lo encuentre significativo…/.Compasivamente se acerca a lo autobiográfico, es decir, al amor y al cuidado de los padres enfermos  desde  sus contradicciones, así en “Lejía” dice: /Hemos dejado fluir el tiempo/ sin anotarlo, /como si nuestra educativa vida juntos/ no mereciera más que un parecido:/ el chorro que se escurre/ en los portales/ de las casas del centro/ cada día/ y deja un rastro demasiado oloroso/y molesto, para algunos, /de pureza./.

 

(PUBLICADO EN EL DIARIO JAÉN EL 3 DE NOVIEMBRE DE 2020.)

 

 

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