28 septiembre 2020

INVENCIBLE VERANO. UNA POÉTICA SORPRENDIDA POR LA ALEGRÍA

Ramón Martínez López


Una vez más, Manuel Salinas, el poeta granadino afincado en Málaga, ha sido capaz de deslumbrarnos con un poemario rotundo, en el que es capaz de vertebrar un corpus lírico armónico y sensorial.

Así, el autor de Viviré del aire, Y portuguesa el alma o Inacabable alabanza vuelve ahora a deleitarnos con su Invencible Verano (Invincibile Estate), una hermosa y cuidada edición bilingüe, gracias a Raffaelli Editore y, cómo no, al buen hacer de Emilio Coco.

Cuarenta y una[1] joyas bien engarzadas y magistralmente talladas con la sabiduría del orfebre que se sabe dueño del oficio del corazón.

Y es que Manuel Salinas conoce dicho oficio como nadie. Su poesía es una suerte de magia redentora, que puede arrancarnos los sentidos, para acto seguido concedernos el corazón.

Sólo desde esta perspectiva cobra sentido la cita de Rilke que acompaña a  su primer poema, Alianza. Poema que es, sin duda, toda una declaración de intenciones desde el primer verso:

 

“Todo lo mío, contigo va: no cansa

la vida, ni el pudor de la arcilla, ni el voraz

estremecimiento de la primavera,

dónde el entusiasmo, dónde los ojos,

en qué noche la noche, en qué paloma

el cielo”.

 

La lírica de Manuel enarbola la vida, su mano atravesada y estremecida todo lo milagrea, hasta el punto de revelar los secretos del amor.

En su verso todo es milagro, desde la plenitud de la uva hasta el arroyo, la piedra o la misma tierra.

Por ello, el amor vive y bebe su sed y el alba se puede oler con las manos. Entonces se puede mirar sin ver e, incluso, ser manos. Sí, todo maravillosamente revuelto y, a la vez, todo claro.

Verso tras verso se reconstruye el paradigma de la poesía y del poeta, porque el vate no nació para la muerte y con su canto, inundado de música, da belleza.

Nada importa si el tiempo pasa, si la memoria se pierde como la nieve o si morimos en las uvas o en los ramos, cuando desde la siembra a la siega hemos cantado lo que amamos.

Así es la poética de Salinas, una poética instalada en el amor, que canta lo que mira, que vive lo que sueña. Un relámpago que persigue la eternidad, mientras nos revela la verdad del mundo.

De Albert Camus a Rainer María Rilke, pasando por Miguel de Cervantes y Luis Cernuda, Manuel Salinas vertebra una poética que no sabe desear más que la vida.

Luego vendrá Umberto Eco y con él la metaliteratura saliniana, porque a menudo los libros hablan de los libros. De ahí, El Bienaventurado y la figura de Aquiles, eterno y altivo, junto a Patroclo y esa Troya enterrada bajo siete ciudades.

Tampoco es ajeno al amor que es examen y que eleva lo humano a lo casi divino. Y es que ya lo decía San Juan “sólo en amar es mi ejercicio”.

María Zambrano y el amor que huye y regresa darán paso a la transparencia juanramoniana, convertida en festín de pájaros y yedra contemplativa.

Sí. La poética saliniana es una especie de rapto. El recuerdo de Wordsworth no es baladí. De ahí que en el poema Los dioses esperan, el universo poético de Salinas nos sorprenda con la alegría de unos ojos que no mueren y mantienen vivo el recuerdo de las amadas arenas que dulces vuelven.

Y es que todo está calculado al milímetro en este verano invencible de la vida que proyecta el poeta sobre los sorprendidos ojos de los lectores, que por un instante se ven transportados a la felicidad y a la eterna primavera que nos hace florecer por dentro.

No importa que la carne sea triste. No importa que hayamos leído todos los libros, porque este Invencible Verano es una invencible música que siempre nos recordará que hay fuegos que merecen ser contados de nuevo.

 

 

Invencible Verano (Invincibile Estate)

Manuel Salinas

Raffaelli Editore


[1] Téngase en cuenta que en la Antología que está a punto de editarse, A la altura del corazón, y que recoge un compendio de los últimos diez años del corpus poético de Manuel Salinas, Invencible Verano se verá ampliado con diez composiciones líricas más, pasando esta obra a contar con 51 poemas y algunas revisiones.

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