10 noviembre 2019

DOCE POEMAS PARA DOCE CUADROS

Encarnación Sánchez Arenas


            Este libro de María Paz Cerrejón (2019), de la editorial Pluma de Sueños, con écfrasis  del Museo del Prado de Rogier van der Weyden (El descendimiento de la cruz), El Bosco (El Jardín de las delicias), Durero (Adán y Eva), Pieter Brueghel el Viejo (El vino de la fiesta de San Martín), El Greco (Pentecostés), Velázquez (Cristo crucificado, o Cristo de San Plácido), Murillo (Sagrada familia del pajarito), Madrazo (La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos), Goya (Los fusilamientos del 3 de mayo), Fortuny (Viejo desnudo al sol), Antonio Gisbert Pérez (Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga), y Sorolla (Niños en la playa), señala que la música, danza, teatro, poesía, pintura, y otras tantas artes más, no son compartimentos aislados y cerrados, como asignaturas desconectadas que un día estudiamos en la escuela.

            Esta obra enlaza con toda una tradición de écfrasis, que relacionamos con el blog de écfrasis de Santiago Elso Torralba y  su obra Descripción de cuadros para Guillermo. Luz Aurora Pimentel indica tres clases de écfrasis: la «referencial», el objeto plástico existe en la realidad autónoma; la «nocional», en la cual el objeto visual solo existe en el lenguaje, como el escudo de Aquiles  relatado por Homero en la Ilíada. La tercera categoría se titula «referencial genérica»  en la que, sin designar objetos precisos, remite al estilo de un artista (personalidad, estilo, trascendencia de su obra, etc.), como es el caso de Carlos Pellicer al crear el "Soneto III a Gironella". El libro de Cerrejón es “referencial”.

            Desde el amor al Descendimiento de la cruz, 1436, de Weyden, los ropajes y el claroscuro proporcionan los efectos lumínicos. Los colores fríos caracterizan a los personajes más patéticos: las mujeres y el joven subido a la escalera; los demás personajes visten colores cálidos

             Con el Bosco y su Jardín de las delicias, 1500-1505,  ácidas críticas recuerdan al medioevo con sus deformaciones y caricaturas, que revelan la malicia de los personajes.

            En el cuadro de Durero, Adán y Eva, 1507, los cuerpos proporcionados aparecen con su desnudez rosada sobre un fondo oscuro que oculta lo malvado del pecado.

            En el Viejo, con su El vino de la fiesta de San Martín, 1565-1568,  la algarabía y el desorden se arbitran por un barril. Un cuadro que parece visto por los ojos de borrachos, con la pérdida de la razón y los botarates de sus personajes difusos, con cuerpos que pierden su linealidad microscópica, apiñados y dislocados por los efectos de la vida y del alcohol.

            Con el Greco y su Pentecostés, 1597, su triángulo invertido utiliza figuras alargadas que se alejan del estereotipo tradicional de belleza clásica.

            El Cristo crucificado o Cristo de San Plácido, 1632,  de Velázquez sobre un fondo gris verdoso en el que se proyecta la sombra del crucificado iluminado desde la izquierda, sombra espiritual que nos acompaña a todos a lo largo de nuestras vidas.

            En   La Sagrada familia del pajarito, 1650, de Murillo predominan los tonos oscuros y pardos, pero la luz ilumina los rostros que dan vida a este cuadro. Un perrito fija su mirada en el niño que agarra en su mano un pajarito.

            Con la muerte de Viriato, jefe de los lusitanos, 1807, Madrazo rodea el blanco lecho del pálido Viriato,  vilmente asesinado, con un elenco de fornidos soldados.

            Goya en Los fusilamientos del 3 de mayo, 1813-1814, elige la noche como un factor simbólico, ya que se relaciona con la muerte, hecho acentuado con la apariencia cristológica del personaje, en blanco y amarillo, con los brazos en alto.

            De Fortuny, Viejo desnudo al sol, 1871, el rostro advierte felicidad, sumido entre arrugas y pellejo, de su cuerpo claro, ante su fondo oscuro.

            Con Antonio Gisbert Pérez y su Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, 1887-88, un fondo gris claro de nubes y montañas contrasta con Torrijos y los que van a ser  fusilados, de tonalidades oscuras en contaste con el gris de fondo. Al lado de los que van a ser fusilados, los cuerpos tendidos en la arena de la playa, ya yacentes.

            En Sorolla, con sus Niños en la playa, 1910, la arena es espejo de unos cuerpos infantiles desnudos que se reflejan con los azules y ocres que se reparten el espacio.

           

 

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