29 septiembre 2019

Sobre CRÓNICAS NARRADAS de Carlos Guillermo Navarro

Aurora Gámez Enríquez


“Estábamos en el estudio, lugar sagrado, sabido es que no se puede hablar ni mirar, cuando sonó un golpe en el fondo de la clase y el señor cura la emprendía a tortas con Antonio.(…) Había mirado y le pegaban. (…) no supe el porqué de su actitud, situación promovida por el cura, quien colocado en la parte trasera de la clase, lanzó un grueso tomo contra el suelo. (…) Realizar un hecho para pegar a una persona hablaba mal de él, máxime si estábamos estudiando.”

(Guillermo Navarro, Carlos (1968)).

“Crónicas Narradas” es un libro de relatos que recorre tres décadas (1960-70-80) de la sociedad española. 16 relatos en los que el autor, Carlos Guillermo Navarro, describe con gran maestría situaciones, personajes y sentires. Refleja la miseria, la soledad, la amargura de la posguerra española consciente de ejercer su libertad individual, su derecho a opinar de manera crítica y personal resultando casi un ajuste de cuentas metafórico con el tiempo que le tocó vivir. Sus personajes toman la palabra expresando con lenguaje preciso y crudo la educación en internados religiosos, la prisión y la tortura, el escarnio de personas humildes por parte de las autoridades y el estado, las envidias entre vecinos, la represión sexual, el uso de las mujeres como esclavas del hogar, la sumisión al sistema político, el poder de la iglesia y el sistema patriarcal absolutamente genérico y trasversal. Como si de una película se tratase el narrador nos va adentrando en situación, con “El torrente que nos lleva” (1968), crónica muy vivida por los varones de su generación. Colegios prestigiosos precisamente por su dureza.  Carlos Guillermo Navarro nos prepara ya en el primer relato evocando una época, narrando una historia personal que a su vez es social, de quiénes como él vivieron su niñez y adolescencia en plena dictadura franquista. Era España diferente, el protagonista no entiende cómo aguanta la situación humillándose en silencio sin protestar. Después de comentarlo en casa recibe la increíble respuesta: “Según me manifestó papá, pegar es signo de distinción. Él, claro, justifica al colegio.”  Era aleccionado para soportar el sistema injusto, -un maltrato estructural impartido por algunos enseñantes de manera errática y partidista-. El narrador tiene la mirada de un niño inocente, se asombra, se enoja ante la injusticia cometida, a su manera se rebela ante la situación: “Chari se porta bien a diferencia de mí. No soy mal chico, únicamente intento discrepar de los demás.”, al leer empatizamos de manera natural con el protagonista y narrador, recordar aquellos tiempos es duro, parece haberse cerrado una puerta mental que nos aleja de aquella contrariedad, del sinvivir, del estar pendiente del castigo, la intromisión en la intimidad de las autoridades del régimen. En la adolescencia se produce el aprendizaje a la vida, se abren los ojos a los acontecimientos, vivirlos pendiente del castigo era algo terrible: “Chari era la novia oculta. Está prohibido tenerla a nuestra edad. ¿Qué pasaría en el colegio si se enteraran?”.  El alcance de la represión llegaba al ámbito privado, alcanzaba a la conciencia manipulada por los curas y la iglesia. Carlos Guillermo, refleja el mundo interior de los personajes, capta la existencia, el sustrato que subyace bajo la realidad aparente, refleja lo inmutable y eterno del ser humano y la naturaleza: "Definían el sexo, del hombre o de la mujer, malo, según sus perspectivas, y digo según ellos, porque también hay elección a otro enfoque, puesto que para mí la visión contraria era lo bueno.”  Quedaba poco margen de rebeldía ya que en la mayoría de las casas apoyaban la pedagogía represiva que el colegio impartía, aún así el protagonista nos cuenta que: “No estaba dispuesto a dejar de ser quien era, y se lo eché en cara a uno de los tantos curas del colegio. Recibí el primer castigo por aquella época, por desconsideración a la sotana, no por las pronunciadas palabras, causa de expulsión.”   Utiliza al personaje reflejando sus sentimientos, su estado anímico.

Dieciséis relatos, cada uno nos adentra en un paisaje humano de manera casi cinematográfica: “Lucio tira la chaqueta en la plancha. Empieza a andar y piensa. La cabeza le revolotea, y recuerda cómo este muelle fue solo para pescadores como él, hasta que llegó la prohibición después de promocionarse la playa.” se vislumbra melancolía, la evocación de otros tiempos vividos, de nuevo el paso del tiempo, las nuevas leyes de uso y disfrute de los parajes naturales con la desaparición de profesiones antiguas que se ponen de manifiesto en “Hombre de Agua”. Aquí situaciones cotidianas, en principio insignificantes (que el niño no quisiera comer, el llanto inoportuno, etc.), lleva al maltrato y la separación de la pareja: “Y la trifulca venía por Nanú, que era muy pequeño. La madre se pasaba el día con el pecho descubierto para que se alimentara, pero no tenía paciencia. Por eso Nanú la desesperaba hasta hacerla estallar en cólera. La madre cogía a Nanú, y zaleaba al chiquitín que, sensible, se hacía un mar de lágrimas. Lucio se enfadaba, y le decía a su mujer que se calmara; pero ella, cabezota no hacía caso porque aseguraba que tenía razón.“ El protagonista se enfrenta a su esposa provocando el distanciamiento y la separación. Describe el estado de ánimo del protagonista víctima del amor romántico, respetuoso con la norma de la cual se aparta inevitablemente: “Lucio se descorazona por no poder hacer nada, en un recuerdo tan cercano como la cabeza del muelle donde se encuentra.”. No ve otra salida que la desolación y la muerte. En este relato se aprecia un decadentismo de corte neorromántico. Tengo que decir que este relato trasgrede la norma, el modelo masculino descrito es justo el modelo contrario al habitual y estadísticamente mayoritario en la sociedad descrita y desgraciadamente en la actualidad. La contrariedad y la frustación lleva a la violencia y a menudo, más a menudo de lo que debería pasar, acaba en tragedia. Imponerse por la fuerza es lo habitual. Luchar por cambiar la situación y salvar al más desvalido hubiera sido otra posibilidad. Sin embargo, el protagonista decide suicidarse obedeciendo a una idea romántica del amor. No he podido evitar pensar que el protagonista del relato lo hace respetando la vida de los demás, en este caso de una mujer, la madre de su hijo y su esposa, dejando así a un hijo desvalido e indefenso. ¿Qué nos está diciendo el autor? Probablemente ese sería otro cuento.

En el relato “La caída”, la solución no es la que se espera: “Lucha … Niña”. La voz entró por el resquicio de la puerta. Una voz de hombre, de varonil autoridad, voz seca en la silenciosa habitación. “Abre”, se oye.” ¿Otra víctima del amor romántico? ¿Víctima de la norma social, de la represión educativa de la época? Ante la imposición de códigos sociales la rebeldía extrema. Ante la imposibilidad de obtener lo que se quiere, la sin razón y la locura: “No cederé, nunca cederé”.  En este relato, el autor lleva hasta el límite la angustia, describe proverbialmente la desesperación de los que rodean a la protagonista. El triunfo para ella es el silencio. La frustración y el dolor para quiénes la quieren de manera incondicional.

“Fueron tiempos de bohemia”, de amor y desengaño, relaciones que se agotan, desilusiona y pasan al triste recuerdo: “Supo entonces que la marcha de Berta no tendría remedio. Acabaría por irse. Y el salón se oscurecería.”

 “El viento siempre sopla del Oeste”, cuento costumbrista que entra de lleno en la lucha de clases vivida a la sombra de una dictadura y un poder instituido como el de los años sesenta en España: “Pedrito pensaba en la edad, en la amistad, en el juego, y así eran los dos iguales”.  Dilema en una pareja humilde sobre educar por encima de las posibilidades o hacer trabajar al hijo -varón- y que siga en la clase social en la que se ha nacido: “Su padre, León, reñía con la madre sobre la conveniencia de sacarle del colegio. El padre alegaba que no metía dinero en casa.”  La doble moral, el qué dirán en un entorno de pueblo rural de finales de los sesenta: “También era de dominio público el despecho de Anastasia hacia su hermana por andar liada con su marido, el que la esposa apenas los quería, el que continuamente se peleaban, el que todo se fuera a deshacer, y cómo no, el que Sebastián era uno más.”  La aceptación de la realidad social, el volver al “redil” de los personajes de esta historia nos recuerda la época, la sumisión controlada por la propia familia, los profesores, el párroco, poderes reales de la España franquista. Una vez conseguida la ruptura de la amistad ente el chico de buena familia y el pobre, describe: “Luís ha vuelto al recto camino. El parco mirar de Pili no le hizo ver claro, pero en cambio Luis ha entendido.” Su hermana se resiste sumergiendo su mente en la lectura, allá donde nadie puede acceder: “Pili pasa las horas leyendo libros. El entredicho surca de padre a madre por ser libros que no corresponden por su erotismo a una muchacha de su edad”.  En los setenta, se produjo en España un fenómeno de promoción del turismo que dio un aire de libertad sexual a los varones sobre todo, Carlos Guillermo Navarro lo deja magistralmente reflejado en el relato “Esta carne está madura o las buenas crías”, se vislumbraba la decadencia de un franquismo que había sido implacable hasta entonces. Los jóvenes, educados en colegios religiosos, en familias “bien”, tenían ante ellos a las turistas, mujeres europeas con un código moral diferente, una libertad en el vestir y en sus comportamientos que distaba mucho de las mujeres de pueblo españolas: “¡Cómo atiza la tía, lo juro! ¿viste cómo se pegaba? ¡Qué golfa, chiquillo!”, la libertad individual de la mujer extranjera era increíble e impensable en las mujeres de aquí: “Si Julia te deja, que esa no se quiere quea tirá, que tú le pones hábito y la empaquetas, y si te pones chulo se te va.  – Ésa está cola por mí.“ Así lo describe y así lo recordamos: “Desearía cambiarse por su amigo, poseer a la hembra en aquella noche, disfrutar un poco, y que Rosario no se enterara.”  De estos modos operandis venimos y en ellos están algunas personas que no evolucionaron con los tiempos.

Así vamos transitando por “La agonía” relato humanista en que la guerrilla antifranquista era ya un reducto. Carlos Guillermo Navarro, describe los incidentes y enfrentamiento de un grupo de maquis en los estertores de la posguerra, todavía lo ideológico en litigio, y donde la neutralidad no puede existir después de tanto odio, los sentimientos de bandos enfrentados estaban todavía a flor de piel. En “Los elegidos” describe la toma de la colina: “Hubiera cogido la colina con un par de hombres”, recuerdos de la guerra cruel, en que un simple soldado herido defiende lo que será para siempre propiedad de otros. Porque “No había más desprecio que la compasión al que no le es permitido entrar en el reino de los elegidos”. El autor del relato saca la belleza en la contemplación del paisaje sereno e intemporal: “Delante de la llanura que a su vista se ofrecía, el niño dijo a su padre, “es muy bonita y qué grande”, a lo que el padre contestó, “sí, es muy hermosa. Has de saber que esta tierra nos pertenece, y toda su extensión de llanuras y colinas. Cuando llegue el día tendrás que defenderla.”

“En un país lejano” donde la España adormecida ataca la homosexualidad y no tiene reparo en abortar, se produce un desenlace inesperado y contraste cultural entre España y Francia: “¡Nous voulons faire l´amour! ¡Liberté!¡ Liberté! (1 de septiembre de 1971).

 El relato “La carreta” herencia que pasa de padres a hijos, forma tradicional de vivir, doble moral en los asuntos amorosos, casamiento de conveniencia y amores prohibidos y ocultos: “Me paga por servir y ser amada, y también por mi silencio” – dice la criada de la casa- y explicita: “No le da tanto como yo, pero se sirve de ella para completar su posición”.

“El fuego inextinguible”, con una prosa clara y directa nos va adentrando en situación de agobio, intensa como un incendio es, sirenas sonando, bullicio humano, humo envolvente, muestra la relación de poder entre comandantes, bomberos y políticos: “El alcalde se desgañitaba más, y su interlocutor se cuadraba delante con un ¿diga, señor?, mientras aquél preguntaba al comandante: cómo ha sido ¿cuándo? qué se sabe de los  que están dentro ¿cuántos? qué se tardará en sofocarlo ¿corrían peligro los bloques vecinos?, …“  más allá de la urgencia de salvar vidas, se juegan la reputación lograda durante años de servicio. El trabajo bien hecho, la imagen ante la sociedad, …, todo con un realismo esperpéntico y ácido, contado como desde dentro de los personajes con toda crudeza, sin cortapisas ni concesiones a la moral.  Implica, el autor, a las fuerzas vivas del momento histórico en que se relata: “¡SE ACABÓ DIJO EL GOBERNADOR LLAMEN AL EJÉRCITO!”, eran los últimos años del franquismo en España, relato del 30 de mayo de 1972.

Relato de guion cinematográfico es “El tío meneo”, tierna narración en que la inocencia de un niño de pueblo entabla amistad con un personaje marginal e inadaptado. Tío Meneo que tiene el viejo tiovivo por capricho del destino, que obtuvo permiso de las autoridades para vivir de ello “Que nadie diga que somos rencorosos con quienes no están de acuerdo con nosotros.”, plena posguerra, poder sobre la vida y la muerte de los vencidos en la guerra civil, sumisión y acatamiento al régimen.  A pesar de todo florecen los sentimientos, la inocencia de un niño sencillo del pueblo, el cariño entre personas que sufren igual injusticia, el mismo sino: “Tío Meneo le observaba con profundo cariño, se le derretía como gachas el cuerpo y se ondulaba mimoso el cabello al imitar el vaivén de los caballitos.” , la envidia de los otros niños del pueblo que no tenían el privilegio amistoso de Pascualito, se descarga sobre Tío Meneo con especial virulencia: “Pascualito, curtido en peleas se cubrió de miedo ante el ultimátum de Pacorro, “cabronazo, si te pillo…”, la amenaza latente en la expresión, cargaba el ambiente de profecía.”, el niño escuchaba silencioso la inocente locura de Tío Meneo, “Hablaba con locura cuerda por no precisar el nexo de unión entre lo real y lo imaginado.” escena que nos recuerda a don Quijote de la mancha.

“La prisión y la gloria”, es una historia escrita en 1979, ya muerto el dictador. Todas las dictaduras tienen una historia silenciada a sangre y fuego. La dura represión franquista durante la posguerra y más allá. Esta historia nos cuenta la detención de un hombre inocente de haber conspirado contra el estado autoritario.  El personaje se hace héroe en su silencio. No cede ante amenazas ni tortura: “Debe hablar. Detrás de la confesión se materializa mucho provecho para el Estado. (…) Les he respondido que sirven bajo mis órdenes y eso es suficiente.” triunfante en su muerte: “… no les dejo dormir tranquilos… empiezo a meterme en sus sueños… /… lamentarán mi muerte…“

“La santa inocencia”, la relación escabrosa entre dos hermanos, “el menor rodeado de bondad, y el mayor, Jorge, lleno de saña y salvaje irritabilidad”, un desenlace inesperado y misterioso.

“La velada del muerto”, de nuevo a la España rural de los años 70 a 80 en que está escrito el relato. Una escena costumbrista auténticamente: “Se desprendieron de los brazos de la madre y se refugiaron en los de la abuela con un llanto conmovedor. “Lo mejor de todo”, pensó Consuelo, “es que ellas se libran de la bestia y yo del marido”. Cinismo, ajuste de cuentas o justa venganza por el comportamiento en vida del difunto. “Algunos habían acudido al velatorio por razones de vecindad o por cumplir con la familia, … “ muy normal en la España de la época.

El relato más reciente incorporado a este libro “Crónicas narradas” de Carlos Guillermo Navarro supone un colofón perfecto un verdadero homenaje al cine: “Pantalla en blanco” la pasión confesada y manifiesta. “Sentía pasión por las películas del Oeste, las de aventuras, las de piratas, las de policías, las de romanos, las de amores y las de susto.” Imposible no acordarse de “Cinema paradiso” película italiana de 1988 escrita y dirigida magistralmente por Giuseppe Tornatore. También Mateíto Manzano, protagonista de este breve melodrama romántico se entusiasma con la proyección de las películas. Podría decirse que Mateíto Manzano, somos un poco todos de pequeños, en aquellos años en que admirar la cartelera del único cine del pueblo era acontecimiento importante, casi lo más grande que podía sucederte era entrar al cine a ver la película del domingo: “La sesión doble empezaba con los anuncios, entre otros, los de la tableta Okal, los de la aspirina Bayer y los de alguna publicidad de las tiendas del pueblo.” Este relato que cierra el libro “Crónicas narradas” se escribió en 2014.

Gracias Carlos Guillermo, por traernos a la memoria estas historias, que son las nuestras, las vividas por mujeres y hombres que ya estamos “pasando página” a tiempo todavía de contarlas para que no queden en el olvido.  [1]

           


[1] Título: Crónicas narradas. (Relatos) de Carlos Guillermo Navarro. Prólogo: Gerásimo Arjona Bautista. Ilustraciones Ibirico. Edición Libros en casa, Málaga, 2019.

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