3 septiembre 2019

“Los niños amargo caramelo”, de Encarnación Pisonero

Paloma Fernández Gomá


La poeta Encarnación Pisonero ha publicado recientemente el libro titulado “Los niños amargo caramelo”. Encarnación Pisonero nace en Villalba de la Loma (Valladolid)  y reside en Madrid; tiene una extensa trayectoria cultural y poética. Siempre estuvo comprometida con su “oficio” de poeta”, y así lo demuestra con esta entrega. Estamos ante un libro completo.  Poema único de gran calado que denuncia con  dureza la senda actual por la  que camina el hombre. Lo hace Pisonero desde la mesura, la serenidad y la belleza  de sus versos, hundiendo su mensaje en la realidad y rescatando todo lo que posiblemente pueda hacer reflexionar a las personas para cambiar su modus vivendi.

Nuestra poeta se centra, y mucho,  en los niños, porque ellos  son los que pueden  cambiar nuestra realidad y porque en cada hombre  debe de habitar un niño, de no ser así el hombre quedaría vacío por dentro, en lo más íntimo de su esencia.

La crudeza condenatoria de algunos de sus versos son una mirada que  lastra toda una conciencia.

Estamos ante una poesía de gran belleza, con versos llenos de hondura que incitan a recapacitar sobre la miseria, la  corrupción, la intolerancia, el odio, la desigualdad  y el mal  del mundo  en que vivimos, y son los niños la extrema salvación de este mundo; los niños o el hombre en el que habita ese niño imprescindible para que sea más  hombre, más  humano y cambie el  rumbo de una vida que se precipita, cada día más, a su propia destrucción.  Este sería el mensaje subliminal  del libro de Encarnación Pisonero, con el que ella pretende llegar al fondo de  la conciencia de los lectores y hacer  hincapié en la  necesidad de hacer desaparecer  todo el error en el que estamos sumidos.

La poeta se vale de la  poesía como lanzadera especial y única para mover sentimientos y encabezar una nueva andadura.

La  visualización de su poesía se apoya en imágenes llenas de contenido y la poesía  visual aparece en el  título del libro “Los niños amargo caramelo”, sin más componentes que esa Cruz de Caravaca que reconduce el contenido del poemario  hace una doble perspectiva: la individual y la colectiva.

Desde esta visión del poemario me gustaría comentar algunos de sus versos, tales como: “¿Cuántos kyrieleisons/ se precisan/ para desterrar, ya,/ la inmundicia del planeta?.

Estos versos nos hacer ver cuántos golpes de pecho y lamentaciones que llevamos a  cabo no nos conducen a  nada, pues persistimos en nuestra conducta.

Leamos: “Una densa niebla cubre la tierra/ contaminada,/devorada,/ arrasada,/ destruida,/asolada, violada./Ante tanta  barbarie/ enmudecen los pífanos/ y el crepúsculo se tiñe/ de escarlata.

Donde podemos percibir que cuántas armas destructoras, contaminación y  desacato se han ido  acumulando en el hombre para llegar al  punto donde nos encontramos .

 Estamos ante un mundo que se  cierra  en sí mismo y no permite cambiarlo, así lo expresa la  poeta en el poema :” Un sordo clamor surge/ ¿dónde, ¿cómo?, ¿por qué?/ Ni los sabios/ en sus meditaciones/captan el enigma./¡ Una burla perversa/nos ha adormecido!/No hay anillo con poder/ ni garras de harpía/ ni jinete al viento./Es un cisne mudo/ un náufrago,/una zarza ardiente.

Los niños,  los hombres con corazón de niño son los que pueden cambiar el rumbo; así pues leemos estos versos: ¿Dónde  los héroes de otras épocas,/los sabios, los maestros,/los hombres  de corazón puro?/¡Cuánto dolor evitable!/¡Cuánta grandeza perdida!/Los niños de hoy quieren púrpura y laureles,/ los niños de mañana/ sólo  campos de trigo;/ fértiles vides,/y oír sin miedo/ el canto de los pájaros.

Los  versos de Pisonero  son limpios, directos y con gran peso,  proponen un ideal y nos enseñan el camino para lograr conseguirlo.

Finalmente leemos: “Los niños amargo caramelo,/ flor de algodón/ o de nenúfar;/ intentan sonreír,/mientras bailan / la danza de los esqueletos.

Versos poderosos llenos de afecto y rabia, de amor y muerte. La sinrazón con la que hombre está sembrando sus pasos y no sabemos hasta dónde nos puede conducir.

Leer el libro de  Encarnación Pisonero es hacer un ejercicio de reflexión o  bien iniciar el  camino  para un cambio.

 

 

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