18 mayo 2019

CASI VEINTE AÑOS


1945-1965 DESDE CANTALEJO


EL TÍTULO del último libro de Corona Zamarro nos indica que abarca 20 años, de 1.945 a 1.965. Nos habla de la vida privada de la autora, una vida peculiar, plagada de hechos originales y grandes contrastes, de su familia, y de otras familias muy diferentes a la suya. Es también una memoria colectiva de aquellos años.

Pero lo principal de estas memorias es la curiosidad de la niña, y luego de la jovencita, la observación, la mirada comparativa al mundo que la rodea, con frecuencia tan distinto al suyo, sus reflexiones, el afán de superación, que la llevan a evolucionar en circunstancias difíciles

 

Pero la historia empieza mucho antes. En la primera parte, ANTEPASADOS, no aparece la autora, pero llegó a conocer aquellas formas de vivir de una España rural de secano con economías de subsistencia.

Los oficios de los que habla son dignos de un estudio antropológico, vestigios de tradiciones y derechos medievales.

 

Parte del título es DESDE CANTALEJO. Desde allí salen las cuatro carreteras por donde los cantalejanos se dispersaban por todos los puntos cardinales a vender y arreglar los trillos que se hacían en Cantalejo, solo en Cantalejo, y que abastecían de trillos a toda España desde hacía siglos, milenios, desde la época romana.

Podían vender 30.000 trillos al año, y arreglar todos los que se iban estropeando al pasar el trillo sobre las eras una y otra vez, para separar la paja del grano.

 

La historia de Cantalejo es única, distinta de la historia de otros pueblos. Los hombres, en invierno, se dedicaban a construir los trillos, y en verano salían con sus familias, en sus carros, tirados por caballerías, a recorrer los pueblos de la geografía española, por caminos y carreteras antiguas. Una vida nómada, libre y sin amos, de la que los cantalejanos siempre se han sentido orgullosos.

Después de la primera parte, ANTEPASADOS, el libro se divide en CINCO CASAS, las cinco donde la autora vivió hasta los 20 años.

En la PRIMERA vio a los hombres de su pueblo trabajar como en La Edad de Piedra, con una piedra de sílex en la mano, arrancando los trozos adecuados al destino que iban a darle, sentados al abrigo de sus portadas, que los resguardaban del viento o de la nieve. Aquella niña vio construir los trillos, y salió a venderlos y arreglarlos con sus padres en los primeros años de su vida.

Y durmió en posadas como las de Don Quijote, muchas sin agua corriente o sin luz, algunas con una triste bombilla amarillenta… Una vida todavía medieval.

El que al padre de Corona Zamarro le faltara la mano derecha ella lo veía normal. Ya le faltaba cuando nació. La perdió en la guerra a los diecinueve años.

La familia de Corona aumentó rápidamente: cinco hijos en siete años. Los padres no podían seguir por los caminos con cinco niños tan pequeños. Pero el padre, por su condición de Caballero Mutilado de Guerra por la Patria, podía conseguir una portería en Madrid.

La portería fue la SEGUNDA casa donde vivió la autora.

Pero vivió en cinco casas hasta los veinte años, con cambios muy significativos en su vida, en circunstancias traumáticas a veces.

 

La vida es una interpretación de la vida. Los hermanos de Corona contarían una historia diferenta a la suya, aunque con los mismos hechos externos, las mismas fechas de los traslados. Pero no es lo mismo ser la mayor de cinco hermanos, como ella, cargada de obligaciones desde pequeña, desde demasiado pequeña, que la hermana tercera, traviesa y distraída. No es lo mismo ser chico que chica, y menos entonces. Tampoco es lo mismo la adaptación a Madrid de los niños que la de los padres. Y el padre no se adaptaba. Era un hombre de bar, un ser absolutamente libre, irresponsable, que no aceptaba obligaciones ni horarios, un hombre inmaduro y feliz.

 

A lo largo del libro se mezcla lo difícil con lo amable, la normalidad con lo extraño y hasta con el humor, las cualidades de las personas con los defectos, el egoísmo con la generosidad de personas ajenas que ayudaron a la autora en los momentos duros del camino, que pagaron sus estudios.

Todo el proceso está ilustrado con 127 fotos de la época, en blanco y negro.

El tono de la narración es amable, con la comprensión y la distancia que dan los años.

 

Corona Zamarro

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Manuel Gahete.

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