3 marzo 2019

SOBRE EN BRAZOS DE LA BELLEZA

Aurora Gámez Enríquez


“Con la única voluntad de perderme

fuera de mí como una nave errante

orientada a impedir que amaine el goce

o que desfallezca tu mástil de oro”.

(Fátima Frutos del poema “Límpida luz del alba cretense”[1])

 

En esta entrega poética que Fátima Frutos nos hace encontramos su auténtico modo de ver y vivir el mundo. Ella se posiciona una y otra vez al lado de la vida sin perder pie en lo terreno y carnal. Con su peculiar modo de estar, sensual y telúrica nos hace partícipe de su sabiduría a la vez que cómplices. Su verso de composición y medida libre, consigue personalidad y estilo. No queda nada al azar, la imaginación vuela a su mundo, el mundo de Fátima Frutos, ella quiere decir y dice, a veces cruda, y a veces lírica. Tánatos, la muerte, está presente y deja huella, las del pasado o quizás reciente ya que, recuperando historias, empatiza y asemeja a lo que cada día vemos y leemos en los medios.

La dedicatoria en agradecimiento al doctor Eduardo Uribe-Echeverría, ya nos indica que está delicada de salud y su corazón pendiente siempre de un hilo.  Vive un carpe diem, sereno e intenso a la vez, se recrea en el arte de la contemplación de lo bello. Ella se define a través de Beatriz Berrocal, Rubén Darío, Gil Roëset (la mujer del ahorcado), Roque Dalson (llegando, ella también, a la revolución a través de la poesía), Gervasio Sánchez, Serguéi Yesenin e Isadora en ART DE CONTEMPLACIÓ:  “Enséñame a adentrarme lenta de nuevo en la Vida./ Sin tener nada más que el aliento, te contemplo / y retorno desde el alma calcinada donde todo comienza.” De “Ante el autorretrato de Durero”.[2]

Fátima Frutos nos adentra en la intimidad de sus personajes, quizás nuestra intimidad, para llegar al fondo, mimetizarse, sentir lo que pudieron sentir. Ella no se conforma con lo superficial, se duele con Serguéi Yesenin, empatiza con Isadora, recrea paisajes agrestes, de clima continental húmedo, parajes rusos de principios del siglo pasado: “Mi casa, en medio de un silencio rojizo, es de madera ocre. / Tiene blancas ventanas talladas como alabastro de arrollo / y un tejado en el que caen ramas de abedules estremecidos.” [3]

Pensadora y consciente recupera memoria, ser; justo lo que no se debe de olvidar, otorga justicia, revierte el desamor, enfrenta a la desidia, atenúa el odio, denuncia la violencia gratuita. Todo ello hace la autora de EN BRAZOS DE LA BELLEZA. Comprometida con la sociedad, con lo humano, con la belleza, pero sobre todo con la con Eros. Aleja a Tánatos, nos lo acerca, lo relega a lo imposible, lo teme para después amarlo tal vez en un acto de reconciliación con la naturaleza y la bondad, lo bello.

Ella sabe del peligro de repetir la dureza del pasado pues siempre está ahí, en la memoria, ella propone redimir recordando, haciendo visible siempre a través de lo bello.

Cada verso, cada poema del libro, “in crescendo” nos eleva en lirismo y compromiso, así pues, llegamos a DESCONHORT de la mano de: Rubén Velasco, Priscilo de Pablo (el último peguero), Louis Aragon, Marina Tsvietáieva, Natalia Goncharova (sangre sobre la nieve). En esta segunda parte del libro, Desconhort, ahonda en la denuncia y clama de manera elegíaca, a la manera que el maestro Ramón Llull creara en 1295, igual que él, ella refleja la decepción ante el paso del tiempo. Así le canta a oficio desaparecido “El último peguero”, (Alquimista y labriego a la vez / adobe, ladrillo, resina y pez.). Se duele y clarifica: “La línea del horizonte” (“Está aún viva mi alma -piensa- / por no haber permitido la mediocridad.”). Guerrera ante lo imposible: “Igual que si de un frio yelmo se tratase, / así retorna tu rostro a la fosa de mis manos. / ¡Inmóvil como el osario que guarda la tierra! de Sangre sobre la nieve.”

Sublime y última en el acontecer del poema nos muestra su arte magna, la herida última, la redención de su alma, el reconocimiento de lo bello en la crudeza de la vida.  ¿Hay belleza en el dolor?, el arte mismo de sobrevivir, la fortaleza desplegada ante la dificultad, el empeño en salir adelante con salud y alegría, el avance mirando el horizonte con luz y positividad. Eso es lo bello, ahí se encuentra la poesía de Fátima Frutos y su gran valor.

Et ultima nos enamora y parte el alma con: Marianne von Willemer, Johann Wolfgang von Goethe, Friedrich Nietzsche, Lou Andreas-Salomé, Alda Merini, Gertrud Kolmar y personajes anónimos que están en el imaginario colectivo (el último juglar, las supervivientes de la violencia de género, …). Transcurre el verso y llegamos a ARS MAGNA ET ULTIMA: “Oh no …, nunca sabrán como yo te erguí / con la solidez de un roble, arrebatado y yacente / en cada mediodía tras el paseo por el castillo.” De “Diván de despedida” [4] . En “Sobrevivir al olvido” dedicado a las supervivientes de la violencia de género, Fátima Frutos rinde homenaje y se posiciona al lado de las víctimas de violencia machista. Lo hace empatizando con ellas y termina animándolas a salir de la situación: ”Aún es posible soñar que no he muerto /soñar que no moriremos. /Por un instante es posible despertar / y mirar al frente. / Mirar al frente, sí. Y levantar la cabeza.” Es en “Huyó la loba” (confesión febril a Alda Merini): “Huyó la loba de los bosques, de las trampas / huyó la eremita, la fogata embalsamada, la virgen umbría / huyó de la madrugada enlutada y el sahumerio.” donde nos avoca a la desesperada en busca de la libertad, “Huyó aterida / entre la obstinada niebla de la laguna.” [5]

Culmina su canto con un homenaje al holocausto, ella se funde con Gertrud  Kolmar en el  dolor, el testimonio de su supervivencia en Auschwitz acaba en un canto a la posibilidad de haber sido libre, un canto a la humanidad. Importa la vida, la de todas las almas: “Se afanan nuestras almas en procurarnos vida / cuando todo lo que respiramos es solo muerte.” /…/ “¿Y si la libertad de Spinoza nos salvara…? / Y si fuera esa la única razón de existir… / Tal vez debamos dedicar cada segundo / cada minuto de aliento al entendimiento, / a la tarea de liberarnos, como hizo el sefardí.” [6]

Agradecida a Fátima Frutos por haberme pedido presentar su libro, yo también me acompañé y fui de la mano de mis queridas amigas del Grupo ALAS (Autoras por la Literatura y las Artes). Un acierto siempre contar con ellas, Inmaculada García Haro, Fuensanta Martín Quero, Encarna López Navarro, Lola Ruiz Maurazos, Mercedes Ramos, Rosa Ruiz Gisbert, Alice Wagner Ortuño, Larissa Sarria y Soledad Fernández Ramos. El Grupo ALAS lo conformamos autoras libres que, desde la heterodoxia estética, asumimos el uso de la palabra, la creación literaria y el arte, como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético. Fátima nos conoce desde 2005, ella nos prologó el libro de Herótiko´s de ALAS[7] y desde entonces caminamos en soridad y armonía.

 

 Me despido con júbilo, recitando quedamente: ¡Vivo!, ¡vivo! /exclama Adela Alba vestida de hierbabuena. / Salta sobre las ascuas de la pasión prohibida / y acaricia su pelo azabache / tras haber probado / el mecer del junco amante. “

 


[1] pág. 24  “En brazos de la belleza” de Fátima Frutos. Prólogo de Carlos Bassas del Rey. Ediciones Eunate. Impreso en España, 2018.

[2] pág. 21 “En brazos de la belleza” de Fátima Frutos. Prólogo de Carlos Bassas del Rey. Ediciones Eunate. Impreso en España, 2018.

[3] pág. 26 “En brazos de la belleza” de Fátima Frutos. Prólogo de Carlos Bassas del Rey. Ediciones Eunate. Impreso en España, 2018.

[4] pág. 47 “En brazos de la belleza” de Fátima Frutos. Prólogo de Carlos Bassas del Rey. Ediciones Eunate. Impreso en España, 2018.

[5] pág.52 “En brazos de la belleza” de Fátima Frutos. Prólogo de Carlos Bassas del Rey. Ediciones Eunate. Impreso en España, 2018.

[6] pág. 59 “¿Y si la libertad de Spinoza nos salvara?”, “En brazos de la belleza” de Fátima Frutos. Prólogo de Carlos Bassas del Rey. Ediciones Eunate. Impreso en España, 2018.

[7] Prólogo de Fátima Frutos, “Herotiko´s de ALAS” Relato corto. Autoras: Rosa Ruiz Gisbert, Paquita Moreno, Inmaculada García Haro, Clara del Río, Aurora Gámez, Ana Herrera, Alice Wagner, Alicia Cosme y Adelina P. Blaya. Ediciones ALAS, Málaga-Andalucía-España, 2005.

 

 

 

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