1 julio 2018

POEMAS – DIBUJOS Y ALGO MÁS

Ana Herrera


Poemas – Dibujos y algo más es el libro de Salvador Calvo Marín, publicado por Ediciones Algorfa, en el cual observamos que se produce una brillante interrelación entre las artes plásticas y literarias. Una interrelación bien planificada y ejecutada. A lo largo del poemario se alternan los dibujos en tinta china con una selección de poemas, textos en prosa poética y reflexiones del autor sobre las artes visuales -de ahí ese algo más inherente al título-. Dejando el comentario de los aspectos biográficos y los relativos a los dibujos a las personas encargadas de este fin, en adelante nos limitaremos a comentar los aspectos de la creación poética.

Conforma el poemario un conjunto de poemas escritos en verso libre, que fluctúan entre arte mayor y menor, con preferencia hacia estos últimos, y que se agrupan en estrofas de entre dos y ocho versos. A veces aparece un único verso con función estrófica -incluso de una sola palabra-, lo que es muy corriente en la poesía contemporánea. Gusta al poeta el uso de los recursos literarios usados con maestría: adjetivaciones (“un horizonte rojo y violeta”; “una pálida estrella”; “jaras blancas y enebros cansados” …), personificaciones (“enebros cansados”; “una cañada adormecida”; “Las notas de un violín vecino…se enamoran”; “mirlos que sufren, ríen y aman” …), metáforas (“Su mirada / Chispa de brillo y cobre”; “colinas de oro”; “un cielo con raíces más allá de celdas de plata” …), interrogaciones (“ ¿Para siempre?”; ¿Retorno?”; ¿”Hasta cuándo?” …) y exclamaciones retóricas (“¡Qué espejismo el de ayer!”; “Vida mía! / ¡Ven!” …) que sirven generalmente de apertura o cierre del poema y que nos sumergen en el exquisito mar de la poesía. Su léxico, cuidado con tendencia al uso de términos cultos. A veces, algún extranjerismo nos recuerda la agitada vida del poeta por otros mundos y caminos. Es significativa la ausencia de los signos de puntuación, usados muy sutilmente, y que acentúan el carácter libre de esta obra.

En cuanto al contenido, se eleva la voz poética para cantar a los seres más queridos que arropan sus días de amor y de ternura (sus hijas, sus dos amores, su yerno y sus nietos). En este sentido, el primer poema que abre el libro lleva por título “El búho” y está dedicado a su hija Tatiana -como el propio sujeto poético aclara en breves explicaciones introductorias a cada poema- en su clase de español, y añadimos:  a través de una sublime comparación con el búho que desde su anonimato se convierte en observador de la noche condensando su fuerza en el poder de la mirada.

“Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importaba, el camino es la vida”, nos dice el famoso novelista y poeta americano Jack Kerouac.  Así, Salvador Calvo Marín apiló un día sus maletas e inició un nuevo camino. Trasladó,  en forma poética, años más tardes,  su recorrido a los inviernos de Evanston para retornar seguidamente a su tierra natal, contemplada desde los elementos de su paisaje ibérico y sureño, recordando las noches nevadas o los días veraniegos a través de las sierras y cañadas en “Camino de los bancales”, y, en su propia voz, “camino de mi casa encalada”, tierna alusión a las casas de todos los pueblos andaluces, hipnotizadores con sus fachadas y sus patios blancos, bautizados de cal, por donde transcurrieron sus días de infancia. Y sigue caminando por “La ciudad de los vientos” como denomina a Chicago, por los “Lagos” de Canadá, en la nostalgia y memoria siempre de su tierra y en el recuerdo de las playas del sur.

Se adentra en la búsqueda del yo, en reflexiones sobre el ciclo de la vida, en los sueños del artista (“anhelando senderos invisibles”; “Dónde estará Atenea?”) que buscan la creación y la eternidad (“Perpetuidad”), en la espera que acogen los años de juventud, envuelto por el firmamento, la noche, la luna y desde su asiento en el jardín de acacias y flores:

”Cerca de mi ventana hay savia y jade en las hojas primaverales”

Lamenta la ruptura amorosa con Cheryl Lenz, madre de sus dos hijas, y siente, a veces, su ausencia física; otras, se sumerge en la soledad. Traslada la mirada a Kent en Inglaterra, en un canto a las “Gaviotas”, símbolo de su propia libertad. Y se despide de aquel amor en “Goodbye” al tiempo que busca y confía en la llegada de otro nuevo y “¿Para siempre?”. Se asoma el yo poético a una reflexión sobre la creación pictórica y un poema autobiográfico que lo llevan a transitar por el Madrid de sus días más jóvenes, donde se entrega definitivamente a la pintura y decide poner rumbo a las tierras de Chicago, para retornar a la Marbella de un nuevo “Renacer” en su amor de madurez -María Guerrero-, su mariquilla:

“Una musa llegada del aire

con frescor tardío de aurora

es ahora remanso de amor y serenidad

en la quietud de la noche

con sueños de color

  •  

Para siempre”

A la que siente y llama en el calor de su deseo, en poemas enternecedores como  Ven” (“¡Vida mía! / ¡Ven!”), “Azucena” y “Mi torre mora”.

Un canto sublime a Istán, su pueblo natal y blanco, llena de amor ahora las páginas de este poemario:

 

“Agazapado bajo peñas y riscos

está mi pueblo blanco

Istán

con olor a manantial

aroma de lirios

y romance andalusí”

 

Se recrea el poeta en el erotismo amoroso, en el azul y el blanco de los pinceles, deambula por los caminos del arte y de las letras en un mundo alienado y tecnificado, reflexionando sobre su origen y pensamiento por estos caminos. A continuación, medita sobre la existencia y la filosofía hedonista.

En los textos en prosa poética, igualmente llenos de sensibilidad, belleza literaria reflexiones y ternura, el autor retoma el tema del origen y de sus propias vivencias entre el universo de fantasías que forman parte de la vida cotidiana y los enigmas planteados por su conciencia, y sin dejar nunca de dialogar con su proceso creativo.

En las páginas finales de este libro nuestro artista argumenta sobre su propia obra y se adentra en un conjunto, una vez más, de reflexiones de carácter artístico y cultural, preconizando la necesidad de volver a reencontrarnos con la naturaleza y analizando el binomio clasicismo / modernidad.

“El pintor persigue la luz y el color, pero su fin es la poesía”, nos decía Rembrant. Salvador Calvo Marín desde su temprana infancia persiguió la luz y el color de sus calles y sus pinceles, pero su fin ha sido la poesía de sus versos llenos de destellos blancos, azules y dorados como la luz de todos los días.

Enhorabuena por este proceso creativo de exquisito pincel y elegante poética, de emociones y sentimientos compartidos, que despliega las alas de la imaginación, despierta el pensamiento y nos sumerge en el hechizo sin fin de la belleza, al tiempo que transitamos en su compañía por el caleidoscopio de otros mundos, de la misma vida.

 

 

“Poemas-Dibujos y algo más”

Salvador Calvo Marín

Ediciones Algorfa

 

 

 

 

Web patrocinada

Unicaja Obra Social

SALUDA PRESIDENTE

Saluda Presidente Manuel Gahete

Manuel Gahete.

Últimos premiados