27 mayo 2018

LA NARRATIVA FANTÁSTICA DE NEILA GARRIDO VILA

José Sarria


Hoy nos encontramos inmersos en una especie de locura globalizadora, donde el mercado y su “mano invisible” parecen copar todos los rincones del planeta. Nunca jamás nos habíamos enfrentado, como especie, a una singladura similar, con un destino tan incierto, en el que los conceptos humanistas que alumbraron el renacer de la humanidad han sido sustituidos por meras formulaciones economicistas. En este contexto se nos presenta una economista, Neila Garrido Vila, con una propuesta literaria, “La mascota humana”, para concluir con Octavio Paz que: “La palabra es el hombre mismo. Sin ellas, es inasible. El hombre es un ser de palabras”, justificando con ello que la economía no debe de ser más que una herramienta al servicio del hombre

“La mascota humana” es una novela con la que inmersiona en lo que podríamos denominar como narrativa fantástica. Un relato que arranca en la ciudad de Rota, localidad en la que vive Violeta Salcedo, la protagonista (o una de las principales protagonistas) del texto, que aspiraba a un cambio, a una mudanza vital. Según contaban, su madre les había abandonado con Marcelino, el lechero y aquello había dejado una profunda secuela en la vida de Violeta que no encontraba la estabilidad emocional, afectiva ni sexual que deseaba. El desarrollo de la novela servirá, entre otras cosas, para que Violeta comprenda y entienda el verdadero motivo de lo que nunca fue un abandono.

Éste podría ser el comienzo de una historia común que sufre un inesperado cambio de ritmo y emoción al ser, Violeta, literalmente atrapada por una especie de humedad, de fluido o  líquido que toma las riendas de su motricidad hasta ser llevada, arrastrada, hacia una extraña sala de lo que podría ser una nave desconocida para ella.

“La mascota humana” es una novela concebida como un relato imaginario o irreal que plantea, desde un lenguaje sencillo, coloquial y denotativo, la propuesta del secuestro, rapto o abducción por parte de una especie o sociedad desconocida, y del viaje, elemento narrativo que tantos y tan buenas obras nos ha ofrecido la historia de la literatura (La Odisea de Homero, la Eneida de Virgilio, la Descrizione dell´Africa, del granadino Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi, más conocido como León el Africano, sin olvidarnos de Cervantes con los viajes de Don Quijote o Julio Verne).

Acompañarán a Violeta el resto de protagonistas, once personajes en total (Andrés Sánchez, un oficinista alopécico, Valeria, una niña con dotes especiales, Luci, una periodista muy singular, Julio Zayas, el informático, Jerónimo y su mujer Lorena y su hijita Blanca o los senegaleses Ousmane y Modou y su hijo Mario), donde abundan, curiosamente, los personajes de cabello pelirrojo (una de las incógnitas que se descubrirá con la lectura de la novela). Todos habían sido elegidos por tener “una huella ínfima en su entorno”; es decir, que como escribe Neila, “ninguno pintaba nada para nadie”. La elección no había sido aleatoria, sino que desde hacía mucho tiempo estaban siendo objeto de estudio para proceder a la selección final.

Boris un humano que ha sido reclutado por los idranos (habitantes de Idra, exoplaneta de destino de la expedición número 2.678, conocida como Lobo de Mar III, cuyo número significará el número total de traslados que con anterioridad ya habían hecho los idranos) será su guía durante el viaje y se constituye en uno de los personajes más singulares del relato, junto a David, otro humano que los recibe y guía en Idra. El trayecto tiene como objetivo transportarles  a su nuevo hogar de destino, a unos 140 años luz de distancia de la Tierra, que ha sido declarada como planeta protegido.

La novela va a cuestionar las normas, costumbres y moral supremacista, llegando a plantear la validez de la dicotomía del bien frente al mal. Su forma de objetar el statu quo, desde un nuevo mundo u orden diferente existente en otro planeta, tiene cierto paralelismo con el recurso del loco cervantino que desde su locura viene a polemizar sobre el presente impuesto.

El lector va a encontrar una situación devenida por acontecimientos extraordinarios, donde se mezclan todo tipo de reacciones humanas ante estos hechos singulares, entrando en escena seres extraños (como los Cromos –Idranos ovoides/especie dominante- o los mandranos –cuadrúpedos fantásticos-) y toda una suerte de elementos fabulosos y situaciones que responden a la imaginación encendida de nuestra joven escritora. Decía Jorge Luis Borges que para él ser escritor era: “ser fiel a mi imaginación”. Esta novela  contiene grandes dosis de imaginación, lo que significa que estamos ante una escritora en marcha, que asume el riesgo narrativo acertadamente, como, por ejemplo, cuando apuesta por el elemento de las relaciones sexuales, ya sean de índole homosexual de los africanos, el deseo sexual incontenido de la obsesa misionera que se había enamorado de Ousmane o el lesbianismo de Violeta, como pieza angular de la construcción discursiva.

“La mascota humana” es un texto que se configura como un relato basado en hechos insólitos, desde donde brota la alfaguara vital de la narradora, la metáfora y cierto compromiso social (con el medio ambiente y la preservación de la naturaleza), en una escenografía excepcional en donde se descarta el funcionamiento racional del mundo, pero en donde, desde una narración de fácil asimilación, denotativo y de corte civil, se entrecruzan, a la misma vez que los insondables acontecimientos, los más íntimos sentimientos del ser humano: amor, lealtad, libertad, fidelidad y que son enarbolados como los bastiones que pueden hacer posible el alcance de un mundo mejor.

La propuesta de nuestra autora denota un elevado poso reflexivo en diferentes campos de las relaciones humanas y la ecodependencia, una elevada carga de profundidad, horas de inquirir sobre el hombre y sus circunstancias, en definitiva, supone un decidido compromiso con su tiempo y con su momento, el de un mundo en donde, como ha dicho Zygmunt Bauman: "todas las ideas de felicidad acaban en una tienda", por lo que es preciso “declarar a la Tierra como planeta protegido” y, con ello, aportar otra visión, otra posibilidad que haga viable el futuro de nuestro patrimonio.

Con un lenguaje asequible (decía Albert Camus que “los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas”), claro y transparente, Neila edifica una propuesta narrativa intensa, a la vez que profunda y reflexiva, haciendo aporte de una imaginación elevada , pero no de manera arbitraria, ni al margen de la consecución de un objetivo concreto, sino al servicio de la conquista de un horizonte que tiene la capacidad de constituir una nueva educación de la subjetividad, una nueva educación sentimental que acompañe al hombre en este tiempo y en donde se recuperen palabras y valores tan subversivos como amor, belleza, solidaridad, pasión, etc. que contribuyen al establecimiento sentimental del ser, no dejando al hombre huérfano y sin perspectivas, tal y como decía Flaubert:  "Escribir es una manera de vivir". Y así lo hace Neila Garrido Vila cuando manifiesta en uno de los pasajes más emotivos de la novela: “Cambie cada pensamiento negativo de su vida por uno positivo, la carga se le hará más ligera; puede ser inocente de hacer algo la primera vez, pero culpable de repetir los mismos errores”.

 

 

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