2 abril 2018

El legado de los espías, de John le Carré

Francisco Vélez Nieto


Gemela actualidad aquellas realidades del espionaje político, del mundo táctico de las grandes potencias en los años de la “guerra fría” tras la Segunda Guerra Mundial  y su trágico Muro de Berlín.

 “Le Carré es capaz de pintar un personaje en una frase,  transmitir una revelación  emocional en dos líneas y demoler una ideología en un párrafo”.

Exponer un análisis de la razón comparativa frente a este otro mundo actual del espionaje del poder imperial de la locura entre la Rusia de Putin frente  a Europa y Norteamérica, parece ser que no altera el producto de este viejo ejercicio que se viene sucediendo con el espía ruso Sergei  Skripal y su hija, envenenados en Londres.

En su reciente libro El legado de los espías  John le Carré manifiesta que: “Un funcionario profesional de los servicios de inteligencia no es más inmune a los sentimientos que el resto de la  humanidad. Lo importante para él es la medida que puede suprimirlos, ya sea en tiempo real, como en mi caso…” Y aquí la carambola del juego entre poderes, cuando el Reino Unido ha vuelto a convertirse en escenario del envenenamiento provocado de un ciudadano ruso. Un hecho que enrarece y tensa las relaciones entre Londres y Moscú. Tomando tal vuelo de altura que Londres decide expulsar a 23 diplomáticos rusos en una dura escalada de tensión. Y mientras le Carré nos habla, escribe, de los agentes secretos en realidad dentro del género de la novela , que en los tiempos que corren resulta ser la ficción convertida en la mayor actualidad atrapada entre héroes y traidores  echando un pulso dramático con todas las consecuencias de caiga quien caiga.

De manera que, con los recuerdos que dentro de  un estilo narrativo muy cuidado, tanto  que a veces se convierte en pura novela, El  legado de los espías,  hace la número veinticuatro de su obra, se le escapa al lector de sus propias páginas  saltando, a la calle para mostrarnos que junto al más viejos de los oficios, este de los espías y la guerra fría no tiene fecha de caducidad. De forma que de igual manera funcionan los personajes de ficción que los de la notoria realidad, pues son sacados del mismo modelo en este caso de lo real, se adelantan los de la ficción fruto de lo vivido por el autor de este exquisito recuerdo de esa esfera giradora fascinante que nos hace relee la siempre perenne e inolvidable obra maestra El espía que surgía del frío con aquel Smiely. Es como un diccionario enciclopédico que admite  preguntas para despejar dudas, sobre fantasmas de carne  y huesos reflejados en la buena literatura que nos empuja. También a recordar  con derecho propio El Factor humano de Graham Green. Igualmente  un clásico de la novela, así como espía al servicio de Inglaterra y tan inglés como su compatriota.

Son las curiosidades de la vida, y uno se preguntan cuántos ingleses e inglesas, estarán estos días de ajetreada guerra fría  leyendo de John le Carré su  El legado de los espías y de paso el Factor humano de Graham Green. Y es que resulta que nosotros pasamos pero el tiempo aunque a veces se quiera olvidar, siempre queda. Lo contrario de estos políticos  de hoy que tenemos por aquí, que olvidan las ideas s hasta lograr aburrirnos y que se les vuelva la espalda. La incapacidad de reinventarse una realidad, de ser otro y, de paso, no engañarse  a sí mismo creyendo que somos tontos.  “Escribo esto sentado a mi escritorio de la granja de Les Deux Êglided. Los hechos que escribo ocurrieron hace mucho tiempo, pero son tan reales para mí en este momento como ese tiesto de begonias sobre el alfeizar de la ventana, o las medallas de mi padre que brillan en su caja de caoba”.

 

“El legado de los espías”

John Le Carré

Editorial Planeta

 

 

 

 

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