25 marzo 2018

M ª ROSA GÁLVEZ, HIJA ILUSTRE DE MARCHARAVIAYA

Mercedes Sophia Ramos


Marcharaviaya está situada en un vergel llamado “La Axarquía”,  esta comarca reúne una serie  de condiciones climatológicas que los romanos llamaban el pequeño paraíso, se cree que por su situación y altura los productos allí sembrados cuentan con excelente calidad, algunos entendidos comentan sobre las cepas allí sembradas, asegurando que la uva en ese lugar, desde su simiente,  es bañada durante las noches con una fina y suave rociada  que combina de modo esencial con las altas temperaturas durante el día.

Ciertamente es un lugar que guarda un conjunto de elementos indiscutiblemente bellos, de hecho, todas las culturas que se asentaron en sus parajes se quedaron allí por mucho tiempo.

Independientemente de sus cuantiosos valores y de que Marcharaviaya geográficamente está enclavada  en una zona privilegiada, también es notablemente conocida en todo el mundo por sus hijos allí nacidos. Ellos son la familia Gálvez.

Curiosamente en esa familia brilló para la posteridad más de un miembro, entre ellos, José Gálvez , ministro de Carlos III , Bernardo Gálvez, virrey de Nueva España, ambos ilustres y de una gran trascendencia política.

De esta saga nace también  María Rosa de Gálvez, ella fue una niña adoptada por una familia malagueña de insignes apellidos, su padre el coronel Antonio de Gálvez y su esposa Mariana Ramírez. Posiblemente la niña nació  en Macharaviaya (Málaga) el día 14 de Agosto de 1768, otros orígenes apuntan que nació en el centro de la ciudad, concretamente en la Plaza de la Merced, donde vivió una larga temporada, en todo caso, la pequeña estuvo un tiempo en un hospicio de Ronda hasta ser adoptada por sus padres. Su infancia la pasó en un ambiente de lujo y abundancia, recibiendo una educación y unos conocimientos que ella supo aprovechar altamente por su magnífica inteligencia.

Gálvez fue una poeta, pensadora y licenciada en versos que supo empoderar con sus letras su finísima y singular obra, su fortaleza en el uso de la palabra escrita la  idealizaba inconscientemente, muy dentro de su personalidad y perseverancia,  Mª Rosa construyó una parcela de literatura que armonizaba desde una posición neoclásica y a la vez modernista, su elemento engranaba desde sus comienzos con un estilo que directamente se constituía gracias a saber esbozar la  incidencia más pura del lenguaje, clara y rotunda sus rimas llenas de innovación  escandalizaban a la sociedad en que vivió, coincidiendo  con un estricto paralelismo a su modo de vida, las intransigencias de la época no determinaban en forma alguna a sus métodos incuestionables.

Mª Rosa de alió con la libertad muy dentro de sus convicciones, sin alertarse de opiniones contradictorias y circunscritas, no dejando cabida a periplos exteriores que condicionaran su trayectoria.

Muy pronto Mª Rosa se detuvo en profundizar en la filosofía y en todos los derivados de la gramática, la lengua perteneció a su vocación como una asignatura que la evidenciaba en el futuro como a una espléndida  escritora, a su vez, los autores del momento (Luzán, Cadalso…) alentaban más si cabe su disposición interna por las letras y especialmente por la poesía ilustrada.

En principio Mª  Rosa eligió la poesía no preciosista con un formato que inspiraba el neoclasicismo basado en críticas ilustrativas que imitaban los acontecimientos culturales y políticos, más tarde, se decantó claramente por el romanticismo, en algunos de sus poemas de amor decía:  

 

       El sueño huye de mí, y el genio vela;

     natura me convida, y elevada

     a la vista de tantas maravillas,

     mi acento vuela a par de mi deseo.

 

Desde su punto de vista escribe una maravillosa conclusión sobre el amor, como  igualmente divinos todos sus libretos de obras teatrales, la mayoría de ellos  fueron escenificados en los principales teatros de la corte madrileña: El Príncipe, Los Caños del Peral… entre otras compañías, en todas fueron  acogidas parte de sus diecisiete obras escritas, toda su obra coincidía y se conectaba bajo una disciplina independiente y opuesta a los cánones establecidos. Su inquietud por el modernismo la opusieron frontalmente a las opiniones reservadas que se tenían de la figura femenina y sus reglas a seguir. El éxito de sus piezas teatrales se basaban en lo novedoso de los argumentos,  portando a la mujer a un plano de igualdad y justicia, a veces, en su desesperación por transmitir esas guías  de libertad admitía un suicidio antes que la remisión en cualquiera de sus facetas, se remontaba a las obras griegas donde se erigían tragedias al igual que en su obra: Safo, Florinda y Blanca.

Su vida estuvo plagada de acontecimientos que difundieron muchas habladurías en su círculo social, estuvo casada con su primo José Cabrera, hombre tosco y poco adecuado para la sensibilidad extremada y soñadora de la escritora,  una vez que el matrimonio se instaló en Madrid, Mª Rosa entabló amistad con Manuel Godoy primer ministro del reinado de Carlos IV,  de dicha amistad se supuso una relación de amor que más tarde se confirmó entre bambalinas por todos los ámbitos cercanos a la corte, Manuel Godoy a su vez parecía haberse relacionado amorosamente con la reina Mª Luisa de Parma, por tanto todo ese entramado envolvió celos, intrigas y maquinaciones que Mª Rosa exceptuaba libre y voluntariamente.

Manuel Godoy visitaba muy frecuentemente a la escritora, de tal manera que pasó de ser su preferida  a convertirse en su único amor. Mª Rosa supo eliminar obstáculos y en su discreción más sutil eligió de entre las doncellas a una que se parecía físicamente a su semblanza y altura, cada tarde la doble de Gálvez se sentaba a bordar a través de los cristales, mientras que ella y su enamorado se encontraban placidamente muy cerca de Aranjuez, igualmente se rumoreaba que la doncella de gran parecido a Mª Rosa se aposentaba en las habitaciones e incluso ocupaba su cama para hacer simular a todos los habitantes de la casa que  dormía su propia señora.

Manuel Godoy,  hombre culto y refinado se interesó profundamente por  los escritos de su enamorada, siendo él uno de los principales impulsores de sus publicaciones, tanto es así que le imprimió a Mª Rosa tres obras en las Reales Imprentas, por tal hecho fue muy criticado por su destructores políticos, Godoy salió al paso justificando que en nombre de la cultura toda ayuda sería ampliamente recompensada para la nación. A pesar de los obstáculos y compromisos de ambos el amor prevaleció de manera  continuada y por mucho tiempo. Entre tanto, Gálvez se entregaba con mucha más fuerza a imaginar historias y poemas que quedarían luego imperdurables en el tiempo.

Mª Rosa Gálvez falleció en Madrid en el año 1806, su vida estuvo sembrada de éxitos que disfrutó tanto en España como en Europa. Hoy en Málaga se le recuerda como a una gran luchadora imperturbable y digna de las letras que su nombre representa, haciendo gala de la raza incombustible que posee la mujer andaluza, su biografía ha sido estudiada por célebres historiadores actuales, como ha sido el caso de Aurora Luque. La dignificación de su obra es reconocida actualmente por críticos literarios de todo el mundo.

 

 

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