26 diciembre 2017

LA PALABRA SILENCIADA

Juan Andivia Gómez


I  

 

Estos días pasados, en Córdoba, ciudad casi completa, se ha venido celebrando un Seminario Internacional, con el título La palabra silenciada (Voces de mujer en la poesía española desde 1950 a 2015), que ha pretendido dar a conocer la producción literaria de mujeres que tienen un acento valioso y distinto en la lírica que podríamos denominar contemporánea. Las jornadas han sido organizadas por la Asociación Colegial de Escritores, en su sección de Andalucía, con su presidente Manuel Gahete al timón, Pepe Sarria y, especialmente, Remedios Sánchez, vicepresidente y alma del evento.

Ya Pepa Merlo publicó en 2010, en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara, el libro Peces en la tierra, donde rescataba los nombres injustamente olvidados, que no incomprensiblemente, de una veintena de mujeres poetas “en torno a la generación del 27”. Se incluían poemas de Concha Méndez, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcin o Josefina de la Torre,  junto a otros que suponían un auténtico descubrimiento, al menos para mí, como los de Pilar de Valderrama (la Guiomar de Antonio Machado).

El silencio al que se ha sometido a estas escritoras debe encuadrarse en la omisión general de sus obras por parte de una sociedad patriarcal aún sin desterrar y, en la mayoría de los casos, por el malentendido deber de las esposas de la época de ser discretas, prudentes y obedientes a sus maridos. Por una razón u otra, nos hemos quedado sin disfrutar de quienes tenían una palabra firme y madura.

Este seminario ha venido a incrementar la merecida visibilidad del papel importantísimo de las poetas españolas de las últimas generaciones en la construcción de la poesía actual, como reza la justificación presentada en el programa.

El primer día, miércoles 29, tras la apertura y demás actos protocolarios se escucharon las voces de Julia Uceda, Chantal Maillard, Paca Aguirre, Mª Victoria Atencia, Juana Castro y Ángeles Mora, todas premios nacionales de Poesía o de la Crítica, o de ambos, como A. Mora. Verlas juntas ya debe considerarse un gran acierto de la organización y del público asistente, que fue numeroso.

Como se trataba de presentar tres momentos por razones metodológicas, el jueves 30 asistieron Alicia Aza, Paloma Fernández Gomá, Trinidad Gan, Encarna León y Ana Rosetti, presentadas por Manuel Gahete que, previamente, hizo un recorrido por la escasa presencia femenina en la literatura española, enunció algunas de las razones de este silencio injustificado y consciente, habló del despertar de los años 60 en Estados Unidos y resaltó la importancia de algunas españolas, a partir del último tercio del siglo XX, como la de Ana Rosetti. La poetas tomaron entonces la palabra, que, por unos momentos, dejó de estar silenciada, ojalá ya para siempre.

Alicia Aza, madrileña, acaba de publicar su cuarto poemario Arquitectura del silencio y sus obras aparecen por vez primera en 2010. Sin embargo, su recorrido es fructífero, ya que con  El libro de los árboles fue finalista del Premio Andalucía de la Crítica en 2011 y con El viaje del invierno obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Rosalía de Castro” en el mismo año. Sus poemas denuncian la injusticia, hablan del hoy, de sucesos y de muros que dividen, muestran sus inquietudes culturales y sus preocupaciones sociales, las vivencias propias y ajenas y, en su lucha por la palabra perfecta, que doma con el preciso ritmo, pretende, según confiesa, humanizar la historia. Alicia es belleza en persona y voz, es energía y presente; una mujer que recuerda una realidad llena de horrores, en la que desea “caminar por los parques desnudos, deshaciendo el sabor de [una] sonrisa”.

Paloma Fernández Gomá, nació en Madrid, pero que vive en Algeciras desde 1969. Es una de esas personas que, por su agitación cultural no deja indiferente a las instituciones, que le conceden numerosos y merecidos galardones como la insignia de la ciudad de Algeciras por el Día de Andalucía, la Mención Honorífica de la A.M.P. Victoria Kent o el Premio “La Barraca de las Letras y el Teatro”, concedido por la Diputación de Cádiz. Es vocal de la junta directiva de la Asociación Internacional Humanismo Solidario, miembro de honor de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española, vocal de la Junta directiva de la Asociación de Críticos literarios y escritores de Andalucía, delegada por Cádiz de ACE en Andalucía y pertenece al Instituto de Estudios campogibraltareños. Fundó y dirige, además, la revista intercultural Dos orillas.

Su poesía pretende dar respuesta a los interrogantes del ser humano a través de la reflexión que le propone el poema, cree la comunicación entre las diferentes culturas y, como escribe Pepe Cenizo “trata de la naturaleza humana y su afán de asentamiento en el mundo, pero también de su sed de espiritualidad y trascendencia”.

Sin duda, con estas jornadas se ha pretendido contribuir a la publicidad de unos nombres y unos textos que merecen valorarse entre los más significativos de la historia de la literatura actual que se enseña, o se intenta (si es que se hace), en institutos y universidades y, especialmente, en el gusto lector de tantos aficionados a la poesía.

 

II  

 

En la continuación de la crónica sobre el Seminario Internacional La palabra silenciada, celebrado en Córdoba, le llegó el turno a una de las autoras que más están destacando en la actualidad, la  poeta granadina Trinidad Gan, que ha publicado Las señas del pirata (1999); Fin de fuga (2008), galardonado con el XX Premio de Poesía Ciudad de Cáceres y Caja de fotos (2009), que fue Premio Surcos. Su poema “El fugitivo” obtuvo un accésit en los Premios del Tren (2009) y acaba de merecer el XX Premio Internacional Generación del 27, con el poemario El tiempo es un león de montaña.

Su aparición tardía en el mundo de la edición no menoscaba un estilo bien definido que se concreta en plasmar lo que la pupila de una amante del teatro, de la lectura y de la observación ve en la realidad circundante. Su poesía desea conformar, “más que una voz, una mirada”, como ella misma menciona en una improvisada Poética y en los versos que nos regaló aparecieron escenas cotidianas, temores comunes, amores y espacios que hemos de habitar o que nos habitan. También aclaró que el título de su último libro es la traducción de un verso del poema “Una mujer se baña” de Raymond Carver: “Time is a mountain lion”.

Después, tomó la palabra Encarna León, melillense de Granada o viceversa, que tiene editadas quince obras de poesía, una colección de diez títulos de poesía infantil, trabajos en prosa y narrativa. Colabora en revistas literarias nacionales, programas de radio y TV y desarrolla una amplia actividad cultural, que le ha valido más de una docena de homenajes y reconocimientos. La Consejería de educación de Melilla creó un Certamen internacional de relato que lleva su nombre y es miembro de la ACE desde 1988 y de la Asociación de escritores y críticos literarios del Sur desde 2003.

Encarna expresó que, en su trasterrar voluntariamente aceptado, añora cada orilla del mediterráneo  y, quizá por eso, nunca ha dejado de vislumbrar su entorno, presentarlo y relacionarlo con los elementos mitológicos y vitales que lo componen. En su último libro Rumor de oleajes se percibe ese mar, sus melodías, sus sabores, pero con un lenguaje cuidado y cálido, lejos de ese otro posible que denunció en su poema “Modas”.

Para finalizar, intervino Ana Rosetti, de San Fernando (Cádiz) a quien huelga presentar a los amantes de la poesía, porque sus versos han estado desde 1980 en todas las antologías, en todas las páginas, en todas las palabras evocadoras o trasgresoras y en todo lo que el mundo literario abarca: teatro, como actriz y como adaptadora de textos clásicos, narrativa, traducida y traducciones. En 1985 obtuvo el Premio Rey Juan Carlos de poesía y, recientemente, ha sido distinguida con la Medalla de Plata de la Junta de Andalucía por el conjunto de su obra.

Lejos de las etapas de erotismo y memoria, de la fuerza sensual que elevó su nombre a lo más alto de los autores de la poesía de final del siglo, lejos de Los devaneos de Erato, Alevosías (Premio “La sonrisa vertical”), Deudas contraídas y tantos otros libros, Ana Rosetti dejó caer sus palabras como aldabonazos en las conciencias y recordó, afilada y certeramente, los horrores de Ciudad Juárez (México) y el forzado mutismo de las mujeres resignadas. Ese clamor pausado contra las injusticias y el terror sobrecogió la sala. Personalmente, y como escribió José Hierro en “Requiem”, sólo puedo añadir que “No he dicho a nadie/ que estuve a punto de llorar”.

Con el pecho lleno con las voces no silenciadas de estas mujeres poetas, acabó en segundo día de estas jornadas, a la espera de culminarlos con la presencia de las generaciones más jóvenes.

 

III

 

Pues dijo Julieta Valero que toda la poesía parte de la experiencia, en un sentido amplio; que es un espacio de vida, que se comparte o no; que viene a compensar la variedad de ausencias, intensificando la realidad. Se mostró severamente crítica con la memoria histórica no resuelta de nuestro país y declaró que sus palabras nacen de bocas ajenas, pero para denunciar lo que nos atañe a todos, “como si pudiera penetrar con la punta de algo que de verdad me duele, […] así ponte tú en el sitio enfurecido de otro" y, tras el silencio cómplice que generaba, comenzó a leer cuatro poemas que denominó no biográficos.

La poeta madrileña ha publicado Altar de los días parados, Los Heridos Graves, Autoría (XXII Premio de Poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad) y Que concierne, entre otros títulos; y cuenta con numerosas colaboraciones en revistas, programas de radio, traducciones, narrativa, relatos y varios premios literarios. Actualmente coordina la Fundación Centro de Poesía José Hierro.

Previamente había intervenido Remedios Sánchez que, tras una introducción teórica muy acertada, presentó a las tres comparecientes como integrantes de las generaciones de la incertidumbre (Raquel Lanseros), del fragmento (Julieta Valero) y de la generación digital (Sara Búho). Aprovechó para recordar que la enseñanza de la literatura debería hacerse desde lo más próximo para llegar, si es posible, a lo más lejano; y, para conseguirlo, ejemplificó con la trascendencia que tienen las palabras de Sara Búho o Elvira Sastre en el mundo adolescente, aún sin conquistar para la literatura.

Tomó la palabra Raquel Lanseros, jerezana afincada en León. Casi doscientos críticos de más de cien universidades (Harvard, Oxford, Columbia o Princeton, entre ellas) la han elegido la poeta más relevante en lengua española nacida después de 1970. Entre los importantes galardones que ha recibido destacan el Premio Unicaja de Poesía, el Premio Antonio Machado en Baeza, el Premio del Tren o el Premio Jaén de Poesía, así como un accésit del Premio Adonáis. Forma parte permanente del proyecto literario-teatral Hijos de Mary Shelley, que reúne a poetas, novelistas, dramaturgos y músicos. Es la traductora oficial al español para el proyecto europeo Pop Science, auspiciado por la Universidad de Ginebra, el CERN y la Academia Mundial de la Poesía, del que fue seleccionada representante española. Sin duda es nuestra voz más reconocida, especialmente, en Hispanoamérica.

Escapando del tópico del poeta que vive de su profesión de docente, Raquel es una profesora que vive de la poesía, de las traducciones y de sus numerosas charlas y talleres de creación poética, cursos, festivales y encuentros literarios por todo el mundo, a la vez que colabora con prestigiosas revistas literarias y culturales internacionales por lo que, personalmente, aumenta así las razones de mi admiración.

Leyó dos largos poemas inéditos y, en el primero, el protagonista poemático era un personaje de ficción conocido, que hablaba de una realidad inestable y común. Para no revelar lo no publicado, sería suficiente con recordar estas palabras suyas de “Himno a la claridad”: “A cambio de mi vida nada acepto/¿Qué se puede ofrecer que valga más/que el calor de la llama, que la espiga/convocada a ser grano, que la noche/que dentro ya contiene el joven día?”

La veteranía joven dio paso a la juventud plena de Sara Búho, que tiene entre sus diversos heterónimos más de cuarenta mil seguidores en sus perfiles de instagram y twiter y como bloguera (hoy, día 9D). Leyó cuatro poemas, alguno de su reciente libro Y yo a ti (Valparaíso ed.) y motivó su vocación lectora en los poemas que su abuela le recitaba. Sin intención de justificarse, comentó que los temas amorosos habían sido los más reiterativos de su producción, que completa hasta el momento, en formato convencional (entiéndase papel), con La ataraxia del corazón.

Sería un error creer que a esta autora sólo puede encontrársele en estos dos libros; la poeta de La Línea de la Concepción, residente en Madrid, está en la mayoría de los corazones adolescentes a través de sitios propios e incluso elaborados por sus “followers”; cada día cuelga sus reflexiones (algunas acabarán en poemas) en todos esos muros, consciente de esta realidad nueva que es el mundo no tan virtual del siglo XXI.

Para que la reivindicación de esas voces silenciadas fuera aún más completa, la clausura de los actos organizados con motivo de este seminario contó con el cierre musical de Lucía Sócam, que dejó en el aire canciones y poemas de algunas de las mujeres de la generación del 27.

Nada es tan importante como la palabra, por eso es comprensible el miedo de las mentes pobres y el valor de quienes la enarbolan como bandera (ésta sí), o como arma.

 

 

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