3 julio 2017

MANUEL SALINAS Y SU VIVIRÉ DEL AIRE

Ramón Martínez López


En Viviré del aire nos encontramos a uno de los mejores poetas en lengua hispana. Y es que Manuel Salinas nos descubre la verdad de una poesía que nos enseña a mirarnos con otros ojos, a apostar por lo perdido, a aceptar el cambio; porque la vida siempre está reñida con la aparente seguridad que, a veces, torpemente acariciamos.

Desde este convencimiento, Manuel Salinas se entrega a una poética vertebrada en la doble dimensión de una literatura interpretada como un don y una fatalidad.

Sólo desde este supuesto podemos atisbar el universo poético de Viviré del aire y la actitud vital de un poeta que es capaz de vivirse a sí mismo en cada poema; de un poeta para el que tanto la vida como la poesía están más en consonancia con la comedia que con la rigidez de la tragedia; de un poeta que vive atento a la palabra, porque la palabra en su descifrado código no es otra cosa que vida o “río  que se demora en el aire como un pájaro”.

Así, es consciente de que en algún sitio todo arde, pero también acepta que hay que volar sin temor a quemarse. He aquí la paradoja poética y vital de un Manuel Salinas que describe, como nadie, el dolor del hombre, pero no para lamentarse, sino para amarlo.

Porque, al fin y al cabo, hasta el dolor convive con nosotros; es más, parece decirnos acertadamente Salinas, el dolor es nuestro como el amor “que llena de música las tardes”, a la vez que “canta canciones tristes”.

Hay que saber amar entre espumas y nubes, como hay que saber perder lo amado. Hay que saber sentir el soplo de la piedra en el espino, mientras admiramos ese mundo que tiene el color azul de los viajes; porque el poeta es ese ser capaz de escribir en el cielo con un puñado de agua y perderse en la luz sin dejar señas.

Ahora, sólo ahora, podemos entender el misterio de la poética vital de un Manuel Salinas capaz de soñar la vida que enamora; de un Salinas cuya palabra se nos antoja “aurora insumisa y entregada”.

Sí. Ésta es la verdad del poeta, ese demiurgo  que “oye una música que fue baile”, mientras “baila una música que fue sueño”

Difícilmente se puede explicar mejor cuál debe ser la labor del poeta, ese “hermano de los valses”, “vecino de las azoteas” que nos recuerda al niño “que en las playas azules se ha perdido y solo atiende a un jardín en la tierra pintado”.

No es, por tanto, cuestión de ritmo, sino de vuelo y Manuel Salinas vuela, como nadie, al tiempo que vive y nos invita a vivir del aire.

He aquí, pues, la verdadera poesía; quien la probó, lo sabe.

 

 

 

 

Viviré del aire

Manuel Salinas

Ediciones Vitruvio (Madrid)

 

 

 

 

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Manuel Gahete.

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