4 abril 2017

HAIKUS DEL SOL PONIENTE

Inmaculada García Haro

Haikus del sol Poniente Cristóbal Borrero Delis Edic. del Genal (Málaga, 2017)


“HAIKUS DEL SOL PONIENTE” (Ediciones del Genal) cierra un díptico literario que, junto a “APOLOGÍA DE LA MEDITACIÓN” (etc El toro Celeste), muestra la fuerte atracción y el profundo conocimiento que su autor, Cristóbal Borrero Delis, posee de la cultura japonesa y la personalidad polimórfica que lo conforma. Cristóbal es docente, ha sido actor y, como escritor ha cultivado diferentes géneros (poesía, relatos, novela, ensayo…) y ese crisol de conocimientos y experiencias aparecen, probablemente de forma inconsciente, en este poemario.

El poeta nos muestra un rosario de 120 haikus agrupados en series de cuatro o cinco, precedidos de un texto en prosa que anuncia la tónica imperante en cada una, respetando en lo posible el legado de Basho, Buson, Issa y Shiki, los cuatro poetas japoneses más importantes de los siglos XVII, XVIII y XIX.

Como indica Lowenstein los haikus son «Aparentemente sencillos, pero con una complejidad fascinante cuando se estudian con detenimiento, poseen un atractivo universal, tal como atestigua el número de idiomas a los que han sido traducidos». El haiku es una de las formas más bellas de la literatura japonesa que está conformada por tres versos, primero y tercero de cinco sílabas y segundo de siete (5-7-5); todos estos poemas tienen una característica esencial que consiste en ser un “flash” que ilumina un instante al que va dirigido. Tal y como expresa el propio autor el haiku es “un relámpago de diecisiete sílabas en tres versos libres”.

El interés por este género poético es, en la actualidad, universal. Hay sociedades de amigos del haiku y revistas especializadas en publicaciones de este género, sobre todo en inglés y japonés. Fueron franceses y anglosajones los primeros en interesarse por la adaptación del haiku japonés a las lenguas occidentales.

En Francia a fines del siglo pasado son sobre todo Pierre Loti y Judith Gautier los que utilizan temas y motivos japoneses en sus obras y, de este modo, dan a conocer en Occidente la cultura de un país hasta entonces casi desconocido. Judith Gautier, la hija de Théophile Gautier, publica una antología de poemas japoneses traducidos al francés, que aparece en 1884 con el título Poémes de la libellule en París, que obtiene buen éxito y consigue una gran divulgación. En la literatura angloamericana se establece entre 1912 y 1917 -incitado por Th. E. Hulme- el llamado «imagismo» (imagism), que, influido por el «haiku» japonés, experimenta con formas líricas breves; se concentra en la reproducción concisa y precisa de una imagen sin elementos narrativos y reflexivos y completamente sin ornamentos retóricos, para llegar, de este modo, a una comprensión total del fenómeno evocado. Al grupo de los «imagistas» pertenecen sobre todo Ezra Pound y William Carlos Williams.

En España también se pueden registrar ya en los primeros años de nuestro siglo algunos indicios de un influjo haikista. Como mediadores desempeñaron un papel fundamental, por una parte, las traducciones e imitaciones francesas y, por otra, los textos de dos autores mexicanos: Efrén Rebolledo y Juan José Tablada. De los grandes poetas españoles de este siglo son especialmente Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillen y Luis Cernuda los que quedan fascinados por la forma lírica del Extremo Oriente y tratan de imitarla.

Pero sin duda tuvo su introducción en la lengua castellana con el poeta mejicano José Juan Tablada. Este autor, que llegó a ocupar puestos diplomáticos en diferentes países del mundo (Francia, Ecuador, Colombia, E.E.U.U., etc…) en su viaje a Japón en 1900 mostró gran interés por su poesía esencialmente naturalista.  Otros poetas hispanoamericanos como, Octavio Paz, también de origen mejicano, y el uruguayo Mario Benedetti, han cultivado y enriquecido esta forma poética. Dichos autores abren el concepto inicial de poesía espontánea a un abanico más amplio. Sirvan de ejemplo estos profundos versos que nos ofrece Benedetti:

“Hay pocas cosas

tan ensordecedoras

como el silencio”

No cabe duda que en este proceso de inclusión en la literatura de habla castellana el haiku está muy cercano a otras formas tradicionales, breves y sintéticas como las máximas, sentencias, aforismos, etc…

En palabras del profesor Antonio García Velasco “Ciertamente, la escritura de haikus constituye un desafío en la búsqueda de la poesía pura, la poesía esencial, reducida a la mínima expresión. El haiku se ha de escribir sin rima, con versos en minúscula, sin título y con sólo 17 sílabas: 5-7-5, sin signos de puntuación, en enunciados similares a los del habla. En el haiku predominan las formas sustantivas y nos expresa una percepción del poeta, del haijin, en un momento concreto, singular, circunstanciado, aunque esta circunstancia quede bien lejos del momento en el que los lectores nos enfrentamos a la lectura de las estrofas.../ Con frecuencia los temas tratados en los haikus están relacionados con la Naturaleza: un monte, un río, un paisaje, el cambio de las estaciones del año… o bien, un elemento de la cotidianidad de las gentes. Pero más que tal elemento, lo importante es la emoción que tal elemento despierta.”

La poesía haikista no es posible comprenderla sin el budismo Zen. Por medio de la meditación, no por trabajo y estudio, el hombre, en un acto de intuición, participa en la iluminación, que le posibilita la unión con los fenómenos de la naturaleza. En esta iluminación el mundo se descubre por sí mismo, de modo que también zonas separadas y contradictorias del ser, de improviso, llegan a una unidad y armonía. Como prototipo del «haiku» se podría considerar el poema siguiente de Basho, uno de los más grandes poetas japoneses:

El estanque viejo

Salto brusco de rana

El ruido del agua

Aquí se cumplen todas las reglas de la poesía haikista mencionadas arriba pues dos extremos opuestos, la “tranquilidad” -sugerida por el primer verso- y el “ruido”, se completan mutuamente y se funden en una sola.

En este sentido, Cristóbal Borrero Delis, se acerca al universo Zen pero, como su propio nombre indica, son “Haikus del sol poniente”, o sea, haikus con la perspectiva del hombre occidental que, en palabras del autor, “persigue aunar en instantes fugaces tanto lo perdurable como lo eventual del carácter propio de la especie a la que pertenece como hombre de su tiempo, el hommo consummator, príncipe solitario de su reino doméstico…”. Por tanto, hay una enorme libertad en este poemario para abordar la tarea de componer haikus, tanto desde el punto de vista formal como temática, ciñéndose fundamentalmente a su esencia: el instante.

Así cuando el poeta expresa En la ventana / asomado a ella solo / tras las rejas consigue el efecto de unión entre contrarios propio del haiku pero describiendo la soledad individualista del hombre actual al igual que cuando afirma Sobre todo aire / soy adicto a respirar /adicto a mí.

Pero también la naturaleza, temática recurrente en este subgénero poético, aparece en esta obra. Cuando el autor dicta Rojo arrebol / por poniente se eleva / se tiende el día sin duda rinde tributo a los orígenes de la poesía japonesa.

En el poema Cuando desperté / los ojos de la razón / aún cerrados volvemos a encontrarnos el efecto que produce la contraposición de elementos opuestos, desvelando la consciente inconsciencia del instante, al igual que en los versos casi finales del libro donde afirma Remolinos / de aire y de tiempo / calma permanente.

Por último, los textos en prosa que anteceden a las series de haikus, enriquecen el contenido del conjunto, en una obra donde el autor, Cristóbal Borrero Delis, realiza un trabajo de desnudez estilística y de captación de una imagen para dar paso al silencio interior de cada ser.

 

 

 

 

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